Nosotros sabemos que nos produce estrés, miedo o cualquier
otra mala sensación el hablar en público cuando por
ejemplo, tenemos problemas gástricos
desde que vemos de cerca la hora de hablar, nos sudan las manos, nos tiemblan,
nos aumenta la frecuencia cardíaca, nos tiembla la voz, estamos más tensos, y
lo peor, nos dan lapsus mentales y perdemos la concentración.
Esto nos suele pasar por el miedo a ser evaluados por los demás, el miedo
a fracasar, al que dirán o incluso la mofa,
y todo esto acompañado de la
vergüenza.
Bueno, pues en principio no hay una receta mágica que nos
ayude a superar estos miedos, pero si tenemos la voluntad de mejorarlo todo es
posible. No se puede ver como una salida evitar estas situaciones, porque en la
vida, en nuestro día a día nos las encontraremos constantemente, y más aun si
queremos optar a un buen desarrollo profesional.
Es más, hoy en día con tanta competencia y tanta oferta de
trabajadores cualificados para pocos puestos
de trabajo, las empresas se están centrando mas en trabajadores con altas
capacidades interpersonales por encima de otros con mejores medias académicas.
En una entrevista nos pueden poner en una situación e dinámica de grupo donde
tendremos que hablar, opinar, debatir, etc. Y no podemos optar por quedarnos
callados si queremos tener alguna opción de conseguir el empleo.
No podemos percibir a las personas que no están escuchando
como si fueran nuestras enemigas, si nosotros no se lo mostramos externamente
no se darán ni cuenta de que estamos nerviosos.
Para poder evitar mostrarnos así, es imprescindible que
hayamos preparado nuestro trabajo concienzudamente, tenemos que parecer
expertos en el tema aunque no lo seamos. Para no dejar cabos sueltos es
conveniente que nos preparemos la exposición con un esquema, un mapa conceptual
o cualquier cosa que nos ayude a llevar un orden y no olvidar nada de lo que queremos
decir.
Otro factor que es imprescindible controlar es el pequeño
demonio que nos intenta hundir desde nuestro yo interno, el ‘no seré capaz, los
demás lo harán mejor que yo, etc.’ Hay que vencerlo para que en nuestro interior
no quepa otra cosa que darnos ánimos a nosotros mismos. Cuantas veces
encontramos gente que va a los exámenes pensando que va a suspender, con cara
de amargados, y que luego, efectivamente han suspendido. Es normal, atraen al
suspenso con esa actitud, yo sin embargo, a cada examen que voy pienso que voy
a aprobar, incluso si no lo llevo bien preparado, ¿porque no puede caer lo que
sí sé? Esa debe ser nuestra actitud, SED POSITIVOS ANTE SITUACIONES QUE PERTURBEN NUESTRO ESTADO NORMAL.
No debemos evitar nuestros miedos, debemos afrontarlos, pues
si no, el día que nos volvamos a cruzar con ellos nuestra ansiedad será
superior al día que los evitamos. Hay que tomar una ACTITUD PROACTIVA.
Algunas cosas que nos pueden ayudar es buscar visualmente a alguna
persona de entre los oyentes que nos de tranquilidad y confianza, esto nos dará
seguridad, sobre todo en momentos que necesitemos aprobación.
También son útiles los ejercicios
de relajación, tanto respiratoria como corporal (haré algún que otro post
dedicado expresamente a esto).
Podemos canalizar la ansiedad moviéndonos por el escenario,
pero cuidado con esto, para el oyente puede resultar hasta molesto si no paras
quieto un momento. Tenemos que comenzar por presentarnos, diremos porque
estamos ahí, quien somos, de que vamos a hablar y porque vamos a hablar de
esto, cual es nuestra motivación.
Bueno estos son a grandes rasgos algunas de las cosas que
tenemos que tener en cuenta cuando vayamos a hablar en público.
En los siguientes post profundizaré en técnicas de
relajación, posibles pensamientos que nos perturban, como vencerlos, como
establecer un buen guión escrito mental, etc.
Hasta la próxima.
Adriana Díaz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario